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Ilustración de Appnormals para Calle20
Ciertas palabras han adquirido un estatus de culto en los ambientes más vanguardistas, pero aún nos sorprenden cuando las escuchamos a viva voz. La primera vez que un amigo me habló sobre el fenómeno del píxel art no pude disimular una sonrisa y, automáticamente, se me activó un resorte en la memoria que me hizo viajar en el tiempo. De repente fue como si alguien rebobinara una vieja cinta VHS con fragmentos de mi vida, donde aparecían imágenes de la película Juegos de guerra, el primer Spectrum, las interminables horas en el salón recreativo, el icono de la bomba del Mac o los primeros SMS de la novia en un Nokia de la edad de piedra. Un collage con elementos muy dispares que demostraba que el arte del píxel forma parte de nuestro día a día, aunque no le prestemos la atención que se merece. Puede que algunos escépticos lo vean como una simple moda de aires retro, pero esta técnica de diseño ya está revolucionado el mundo de las Apps y ha lanzado al estrellato a varios diseñadores.
Los orígenes del píxel art se remontan a principios de los años ochenta en California, Estados Unidos, cuando unos investigadores de Xerox PARC utilizaron por primera vez este término para referirse a las imágenes creadas por puntos que aparecían en la pantalla de los ordenadores. Entonces nadie lo veía como una forma de arte que cambiaría el mundo, sino que era considerada una limitación técnica que debían aceptar con resignación. En 1984, Apple lanzó al mercado el Macintosh, y su sistema operativo ya incluía varios iconos (como la papelera, el cursor o las carpetas), que sacaban el máximo partido al formato del píxel. Aunque la gran avalancha llegó con la popularización de los videojuegos y el éxito de la saga de Monkey Island. La vida de millones de chicos cambió gracias a ese nuevo pasatiempo de 8 bits y 25 colores que les ofrecía una diversión ilimitada.
Póster del colectivo eBoy
Del ostracismo a la fórmula del arte y el negocio
Con el paso de los años, la resolución de los gráficos fue mejorando, los juegos se volvieron más complejos y el píxel art cayó en el olvido absoluto. Hasta que en 1998 apareció un colectivo llamado eBoy que empezó a crear imágenes fascinantes siguiendo la fórmula original. «Nosotros queríamos trabajar en la pantalla y para la pantalla, por este motivo los píxeles eran la mejor elección. Después nos dimos cuenta de que las imágenes también lucían mucho si las imprimíamos —nos explica Kai Vermehr desde Berlín—. Es importante remarcar que, para nosotros, los píxeles no son un elemento retro. Nos gusta mirar hacia el futuro y este formato es la mejor opción para el medio en el que trabajamos». Esta pasión por la ilustración retrodigital enseguida se transformó en un negocio y hoy es habitual que eBoy diseñe anuncios para grandes compañías como Coca-Cola, MTV o Adidas, además de exponer sus paisajes surrealistas en gran formato en las mejores galerías del mundo.
El resurgir del arte del píxel en plena era digital no ha sido algo fortuito, puesto que muchos diseñadores crecieron en el periodo dorado de los videojuegos y su subconsciente sigue marcado por aquella estética inconfundible. Solo era cuestión de que algún visionario se decidiera a reinventar aquel universo con la mentalidad actual. Uno de los pioneros más respetados es Craig Robinson, que en 1999 empezó a difundir por la Red unas ilustraciones de gente famosa bautizadas como Minipops, que se convirtieron en un fenómeno inesperado. «Surgieron como un experimento para ver si podía representar de la manera más pequeña posible a los Beatles y a los Beach Boys, pero que fueran reconocibles —nos comenta Craig Robinson desde México—. Hice unos cuantos personajes, los puse en Internet y la gente empezó a mandarme ideas. Fue como una bola de nieve que va creciendo y hoy existen más de mil diseños, tanto en la web como en la App para iPhone y en el libro que publiqué en 2004».
Me fascina el contraste entre los temas provocativos y la diversión del píxel art
Pixelando en alta definición
En Italia encontramos a Totto Renna, profesor de ilustración digital que se ha convertido en un gurú del universo del píxel. Como si de un hombre del Renacimiento se tratara, Supertotto (apodo por el que es conocido en la escena artística) compagina las clases con el trabajo para editoriales y agencias de publicidad, que adoran sus creaciones llenas de color y con una pizca de crítica. Tiene muy claro el origen de esta afición que le ha cambiado la vida: «Mi mayor influencia han sido los primeros videojuegos, puesto que formo parte de esa generación y me pasé muchos años en los salones recreativos —explica el artista de Nápoles—. Siempre intento que mi visión de algunos temas políticos y sociales se refleje en las ilustraciones. Me fascina el contraste entre los temas provocativos y la diversión del píxel art. Es como esconder una cosa amarga dentro de un tarro de miel».
El concepto tradicional de frontera ha desaparecido gracias a las nuevas tecnologías on line y esto ha permitido que los artesanos del píxel compartan sus técnicas y sus obras directamente con los aficionados. Puede que Internet fuera el gran impulsor de este fenómeno, pero actualmente son las Apps de los móviles las que se han revelado como la mejor plataforma para difundir estas creaciones, ya sea en forma de quiz, animaciones o programas de dibujo.
Obra de Craig Robinson
La revolución de las Apps
Muchos desarrolladores de juegos independientes recurren a este formato puntillista porque resulta impactante y les permite economizar recursos. En este sentido, una de las propuestas más originales es la de Appnormals, un tándem a caballo entre Barcelona y Helsingborg (Suecia). Han creado una colección de Apps bajo el nombre de PixelWorld para que la gente pueda demostrar sus conocimientos sobre personajes de cómic (Volumen #1) y series de televisión (Volumen #2); un reto de proporciones épicas que ya ha cautivado a aficionados de todo el mundo.
«Este es un formato muy expresivo, de muy bajo coste y permite una progresión casi infinita. Podemos ir de algo muy sintético a algo tremendamente detallado —sostienen Iñaki Díaz y Dani Moya de Appnormals—. Lo bueno del mercado App es que nivela la balanza entre los presupuestos millonarios y un desarrollo indie como el nuestro. Además, su aceptación es ya un fenómeno masivo y funciona como altavoz a la hora de promocionar nuestras creaciones».
Otro referente ineludible del universo digital es Time Geeks, un dúo que lleva media vida pixelando y quería adentrarse en el sector del ocio electrónico con juegos que rindieran tributo a este formato vintage. Por este motivo han creado dos Apps tituladas Find all y Cloneggs, un mundo de fantasía lleno de referencias pop y con mucho sentido del humor. El éxito no tardó en llamar a su puerta y ya cuentan con más de un millón de usuarios.
Los treintañeros que hoy utilizamos smartphones crecimos con un Amstrad o un Atari
Aunque, para ellos, el secreto de esta estética es muy evidente. «Los treintañeros que hoy utilizamos smartphones crecimos con un Amstrad o un Atari. Por eso nos gusta encontrar productos que recuperen aquel espíritu, pero aprovechando la capacidad técnica de los dispositivos actuales —afirma Alberto Cano, de Time Geeks—. Los móviles eran muy limitados y eso nos ha llevado a una nueva era del arcade, con juegos sencillos que solo buscan entretener unos minutos, pero que han permitido la entrada de desarrolladores independientes, como sucedía antaño».
Imaginando el futuro
A pesar de que el píxel art se considera una carta de amor a los años ochenta, las apariencias pueden jugarnos una mala pasada. La nostalgia forma parte de su atractivo, pero esta técnica también se ha convertido en un movimiento global que se opone a la industria del 3D y está liderado por artistas rebeldes, diseñadores que rompen tabús y gente amateur con muchas ganas de divertirse. Solo tenemos que pasear por las calles de cualquier ciudad y comprobar que estamos rodeados de píxeles, ya sea en los carteles publicitarios, en los grafitis de las paredes o en la ropa de los escaparates. Aunque resulta imposible predecir el futuro, no hay duda de que este sucumbirá a la magia y a la irreverencia del universo del píxel