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Imagen de Xavier Ruano
Apasionado de la obra de Shakespeare —«sus temáticas siguen vivas actualmente, muchas veces tengo que decir que desgraciadamente»— y experto en trasladar sus tragedias a los tiempos actuales, Álex Rigola presenta estos días su particular adaptación de Coriolano.
Con ella cumple, no sin cierto retraso, su deseo de finalizar una trilogía sobre el dramaturgo inglés, que inició en 2001 con Tito Andrónico y continuó con Julio César en 2002. Como las anteriores, Coriolano profundiza en la relación entre la política y el poder, o, más bien, entre los poderes y la lucha por el poder. Y, por supuesto, en cómo este poder hace todo lo posible para controlar y limitar a los ciudadanos.
«No se nos educa, sino que se nos condiciona para ser manipulados y tener una opinión. Lo que llaman opinión pública es una opinión mediática creada por la educación y los medios, ambos controlados por el poder», afirma el escritor José Luis Sampedro en un texto que introduce la obra. Más actual, imposible.

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